Tienes que verlos

Tengo dos ahijados. Hermanos. De hecho, oficialmente solo soy madrina de uno, pero a efectos sentimentales, lo soy de los dos. Perdonad la chapa de hoy. Amor de madrina.

Eran dos enanos cuando empezaron a estudiar instrumento, piano el mayor y violín el pequeño. No habían llegado ni a la adolescencia que ya cantaban con un dominio extraordinario. A fuerza de cantar juntos horas y horas sus voces llegaron a acoplarse de forma espectacular. Lo que hacían musical y vocalmente, con tan solo 12 y 14 años, era sencillamente de otro planeta. Como tantos y tantos jóvenes, que se afanan por abrirse camino en la música, los he visto luchar y trabajar duro. Parece que después de tanto sembrar, les ha llegado el momento de empezar a recoger algún fruto.

El pasado 30 de enero asistí al segundo concierto de la gira «Tienes que verlo» de mi ahijado, el pequeño. Iván Herzog presentaba «Disco de oro» en la Sala Razzmatazz de Barcelona, llena a rebosar. Cuando lo ves, el concierto, entiende que acertó bien el título de la gira. A mi lado un productor musical, amigo de hace años con quién he trabajado en diversas ocasiones, de vez en cuando se volvía y me miraba con cara de «Esto es muy fuerte, ¿no?»

Decir que mi ahijado, el mayor, Mikel Herzog, es el pianista de la banda, es quedarse muy corto. Mikel admira y apoya a su hermano en todo y para todo. Me emocionó verle totalmente a disposición del proyecto. Es una muestra de amor y generosidad enorme. A Mikel también le ha llegado el momento de hacer realidad algún sueño. Lo podréis ver en la próxima temporada de Tu cara me suena. Lo que este chico es capaz de hacer con la voz, solo se entiende por un oído estratosférico y una formación y cultura musical enormes.

Vuelvo a la Razzmatazz. Verlos tocar juntos en el escenario, recibiendo la acogida de un público absolutamente entregado, me sacudió emocionalmente como hacía tiempo que no me pasaba. A medio concierto empezaron a caer lagrimones y al llegar a casa todavía duraba la llorera. ¡Qué generación! Derrochan creatividad. Teatralidad, narrativa, diseño de luces, diseño de sonido, en cada detalle se veía la mano (y el cerebro) de Iván. De arriba a abajo, ha concebido, visualizado y materializado su directo.

Por momentos, sentía la necesidad de abrazar a sus padres, Mikel y Mavi, mis amigos del alma. Necesitaba compartir con ellos la emotividad que me invadía y me transportaba treinta y siete años atrás, cuando los tres en Madrid compartíamos piso, sueños y una infinita ilusión por abrirnos camino en la música. Qué orgullo, queridos.

 

Enhorabuena, ahijados. Esto solo ha hecho que empezar. Brillad, hoy y siempre, como os merecéis.

 

Os quiero.
Vuestra madrina.

 

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