Parkinson, música y canto

«El médico me ha dicho que haga Pilates»


En Nina Studio atendemos a personas que, aconsejadas por su traumatólogo, quieren iniciarse en el método. «Haga Pilates que va muy bien para la espalda», es la explicación que se suele dar. Puedo dar fe de que el método funciona. Más allá de la opinión o experiencia personal y
la evidencia basada en la práctica diaria (no menos importante), lo que hay que tener en cuenta y saber es que existe evidencia científica que lo demuestra. También me gustaría destacar que Pilates es algo más que un método indicado para eliminar o apaciguar el dolor de espalda, es un sistema de ejercicios que devuelve al cuerpo el bienestar y el equilibrio que nunca deberíamos perder.

¿Todo el mundo debe hacer Pilates? No quiero tirar piedras en mi tejado. Soy profesora certificada desde hace 20 años y abrí un centro de Pilates porque creía, y creo ciegamente en el método. En cualquier caso, hay que aclarar que ante tal prescripción, uno debe ir alerta con el QUIÉN y el CÓMO. No todo vale. No todo es Pilates y, en caso de que lo sea y se imparta con rigor, puede que el cuerpo necesite otro tipo de trabajo previo,
con las adaptaciones pertinentes a tener en cuenta para a una persona principiante, antes de dar una clase «estándar» de Pilates.

En el ámbito de la salud y el bienestar corporal, saber interpretar un cuerpo y sus necesidades es fundamental. Entender cómo se organiza para moverse, qué compensaciones hace y por qué las hace, qué gestión hace de la respiración. I tantos otros aspectos.

Hace unos días, di una «clase de Pilates» muy especial, de esas que nada tienen de «estándar» y en las que mejor tirar el manual a la papelera. El manual es la persona que tienes delante. Dedicamos la sesión de la que os hablo a diferenciar los dos flujos respiratorios (inhalación y exhalación), a experimentar la entrada y salida del aire. Un hecho que quizás para los que lea puede ser meridianamente claro. Exploramos los músculos que se movilizan mientras hacemos algo tan sencillo, para quienes no sufrimos déficits o alteraciones neurológicas) como respirar de forma consciente y activa. Trabajamos la propiocepción y la movilidad de los pies para favorecer una marcha más precisa, fluida y segura. Terminamos la sesión bailando y cantando.

A través de la música y el canto, el cuerpo lo entiende todo más fácilmente: el movimiento y la respiración establecen una coreografía perfecta sin que uno tenga que pensar demasiado. La música y el canto
dibujan una sonrisa en el rostro de la persona. Es precioso ver danzar y cantar a alguien que piensa que ya no puede hacerlo. Se demuestra a sí misma que SÍ puede y, además, trabaja la coordinación, movilidad y equilibrio de un cuerpo afectado por la rigidez muscular que provoca el Parkinson.

¡Respira, baila y canta!

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