Recuerdo perfectamente el día que lo supe. Yo estaba en el pasillo de casa, a punto de entrar en mi habitación para ir a dormir. Oía hablar a mi madre y mi abuelo, a lo lejos. No podía creer lo que estaba escuchando. No recuerdo las palabras con exactitud, lo que sí recuerdo perfectamente es la profunda decepción que sentí.
En casa seguimos poniendo un platito en el suelo, cerca de la ventana, con cuatro judías verdes y agua para los camellos. Y milagrosamente, por la mañana las judías y el agua han desaparecido y en su lugar hay un montón de regalos. Saber que «han venido» los Reyes, nos hace la misma ilusión de cuando éramos niños.
Un año me trajeron un pupitre. El paquete era enorme. A pesar de llevar mi nombre, no le hice ni caso. Pensé que se habrían equivocado. Un paquete tan importante no podía ser para mí. Mi madre repetía «¿No lo abres? ¿No lo abres?» Tanto me lo repitió que lo abrí. Al ver el pupitre, todavía tuve más claro que ese regalo tan bonito (y seguramente tan costoso) no podía ser para mí de ninguna manera. La vida tiene estas cosas. A veces nos llegan regalos, experiencias, personas, momentos y piensas, no es posible que esto sea para mí, que me esté pasando a mí. Y sí. Somos unos afortunados. Celebrémoslo hoy y siempre.
Feliz Noche de Reyes👑💫