El sentido del humor

No estaba “fina», el pasado martes. Durante unas horas perdí el sentido del humor, y no lo encontré. Es lo peor que puede pasarnos, no tener ganas de reír. Por la mañana me había pasado algo desagradable y el horno no estaba para bollos.

Con o sin humor, ese día por la tarde tenía que dar una conferencia sobre la importancia de la voz en la comunicación para un grupo de mujeres, todas profesionales del sector inmobiliario.

(Al título, hubiera podido añadirle «La importancia de la voz y el sentido del humor en la comunicación».)

No me tengo por una persona graciosa. Más bien, todo lo contrario. Aunque, cuando doy clases, conferencias o hago formación, me salen bromas a diestro y siniestro sin darme cuenta, sin planificarlo previamente en el guion. A estas alturas, deben haberse dado cuenta de ello las personas que siguen mi curso de voz online.

Mantengo la esperanza de que, mientras visualizan los vídeos donde desarrollo las lecciones de cada módulo, se rían y diviertan tanto como me he reído y divertido yo mientras explicaba unos contenidos que, para qué engañarnos, fáciles no son. Todo pasa mejor con una carcajada y con la voluntad de hacer fácil y ameno lo que podría llegar a ser complicado y aburrido.

La conferencia avanzaba y sentía que conseguía centrar mi atención ahí dónde debía estar, en la audiencia. Hablé de temas que no había previsto tocar, todos relacionados con la voz, por supuesto. Notaba al público muy atento e interesado por cada nueva información que introducía. Me encanta notar al público “envasado al vacío”, concentrado y perfectamente enfocado en el discurso que el oído escucha y el cerebro procesa.

Durante la conferencia cantamos, respiramos, experimentamos con la voz todo tipo de sonidos y… nos reímos mucho. Las dudas, los problemas más comunes con la voz, las particularidades de sus trabajos y las situaciones comunicativas más habituales en su sector suscitaron comentarios e intervenciones espontáneas entre las participantes.

Dos horas y cuarto que pasaron volando y que podían haberse convertido en tres si no fuera porque la organización cogió la trompeta y tocó un Sol Do.

De vuelta a casa, me di cuenta de que el mal humor que me invadió por la mañana y que había arrastrado todo el día había desaparecido.

Qué importante es ocupar la mente y el tiempo con lo que te apasiona y tener la suerte de contar con personas que deciden invertir dos horas de su tiempo en escucharte.

¡Feliz fin de semana!

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