«Qué puedo tomar para recuperar la voz de inmediato?» Esta es la pregunta que me hacéis a menudo, acompañada siempre de una considerable urgencia.
Desengañémonos. La voz no volverá de repente con una pastilla, como cuando tenemos dolor de cabeza y lo ventilamos rápidamente con un medicamento. Ni las prisas ni la química funcionan ante una disfonía (alteración del timbre) o afonía (ausencia de sonido). Sin embargo, tenemos a nuestro alcance un remedio natural que solo requiere cierta previsión y constancia.
El sueño tiene una capacidad reparadora extraordinaria y debemos tomar conciencia de ello, especialmente si somos profesionales de la voz y hacemos un uso exigente. Que cerremos los ojos y durmamos no significa que la actividad en el organismo se detenga. Durante el sueño, el cerebro ejecuta tareas de reparación y mantenimiento, por esa razón al levantarnos por la mañana, han desaparecido preocupaciones, dolores físicos, angustias, niebla mental, entre otros síntomas. De todos los procesos reparadores del cerebro que contribuyen a levantarnos por la mañana con la voz milagrosamente recuperada, nos interesa especialmente la reparación del tejido conectivo (cartílagos, ligamentos, músculos, tendones) mediante la renovación celular y la secreción de hormonas de regeneración. ¿No es fascinante?
A los dieciséis años, cuando empecé a cantar, no tenía ni idea de lo que aquí cuento, pero sabía perfectamente que el sueño era lo único que me devolvía la voz y hacía desaparecer el cansancio vocal del día anterior. Por aquel entonces cantaba una media de cinco horas diarias (una auténtica locura), en condiciones acústicas y ambientales inhumanas. El medio hostil con el que lidiaba entonces mi voz, me hizo entender pronto que las pautas de higiene vocal nos las tomaríamos en serio. Junto con la hidratación y el descanso vocal, la madre del cordero es, sin duda, dormir las horas necesarias y dormirlas bien, es decir, sin interrupciones.
No vayas tarde, con la voz. No esperes a llevarla al extremo de sus posibilidades y resistencia para empezar a preocuparte por ella y poner remedio a la situación. No esperes a cuidarla cuando ya no te responda. Y si lo haces, entonces no corras a buscar la solución milagrosa porque no la encontrarás. Eso sí, la situación límite a la que habrás llegado te proporcionará un valioso aprendizaje y te regalará la oportunidad de aprender a escuchar al cuerpo y buscar en él las soluciones, en forma de hábitos saludabes, para reparar la voz a diario de las agresiones a las que vive sometida por el uso exigente que de ella hacemos.
Desgaste, inflamación, microlesiones, tensión, irritación o sobreesfuerzo, son algunos de los signos que nos alertan e informan de que el tejido conectivo ha sido agredido. Pónselo fácil al cerebro y deja que haga su trabajo. Al fin y al cabo, tú lo único que tienes que hacer es dormir.