Confundir la velocidad con el tocino

Por nada del mundo quisiera estropearos el fin de semana, aunque me alegro de que tengáis tres días por delante dada la longitud de esta carta. Hoy ha aparecido por la newsletter la Anna Mari gruñona. Daréis con ella a lo largo de estas líneas, en caso de que vuestra paciencia y concentración os permitan llegar hasta el final de la misma.

«Tenemos una obsesión por el ritmo pensando que esto generará audiencia y quizás generará más ignorancia». No puedo estar más de acuerdo con la reflexión de Mònica Terribas. La periodista lo decía en relación con los medios de comunicación y la inmediatez, impuesta por la era digital y las redes, de la que son esclavos. Efectivamente, corremos el peligro de quedarnos en la superficie.

La radio siempre ha sido mi medio de comunicación favorito. Añoro la radio tranquila hecha de voces pausadas, contenidos interesantes y entrevistas en profundidad. Cada vez me cansa más, y me interesa menos, la radio que se hace hoy.

Atropellar constantemente a los entrevistados, arrebatar el turno de palabra o abuchearse entre tertulianos y colaboradores debilita y desvirtúa el hecho comunicativo. 

La comunicación tiene sus normas intrínsecas, las cuales a buen seguro se estudian en la carrera de periodismo. El hecho comunicativo se construye con la escucha atenta, el respeto al turno de palabra, las pausas tan necesarias para pensar las palabras como para construir la arquitectura del discurso, formular el mensaje con precisión y editarlo a medida que lo construyes, sin interrupciones. Lo de emisor y receptor parece haber pasado a mejor vida. Las radios están llenas de voces que hablan encima otras voces, las cuales, a su turno, también hablan encima de las voces de los demás y el resultado es una disonancia muy desagradable para el oído.

Imagínate por un momento que, de forma arbitraria, los músicos de una orquesta decidieran no respetar los silencios de la partitura, tocar individualmente al tempo que les diera la gana, no respetar las normas de la música, las acotaciones de la partitura e ignorar las indicaciones del director.

Me temo que nuestros cerebros se han acostumbrado al caos comunicativo que se da en los medios hasta el punto de haber normalizado la «nueva modalidad de comunicación» entre los humanos.

Como dice Terribas, queremos emular a TikTok y, al hacerlo, las opiniones, los comentarios y los análisis – en caso de que los haya -, pasan a la misma velocidad que las imágenes en la pantalla del móvil cuando «scrooleamos» .

«La obsesión por el ritmo», la padezco como oyente y como entrevistada. No exagero si digo que, de alguna entrevista que me han hecho últimamente, he salido contrariada y me he dicho a mí misma «No volveré nunca más».

A medida que nos hacemos mayores, la noción del tiempo cambia, sientes perfectamente cómo este se acorta, por esa razón lo último que deseas es perderlo en una conversación en la que, para intervenir, debes afilar la cognición y hacer pases de pelota acertados para que esta corra y el partido de la conversación se desarrolle con un cierto atractivo para el espectador. ¡Qué pereza, por Dios!

Por no hablar del contenido de las entrevistas.

Esta semana he hecho dos para promocionar a Abril Pastor y el primer single, Esperando Primaveras, que ha sacado con nuestro sello Nina Academia Music (NAM). El medio en cuestión tenía toda la información, dosier, fotos, videoclip, single… La entrevista duró nueve minutos dedicados a hablar de OT, Eurovisión y poco más.

En la segunda entrevista de esta semana me he plantado directamente. Gato escaldado😂

Cuando he entrado en el estudio, el presentador me ha hecho saber que haríamos un repaso por mi trayectoria, como si los oyentes y yo no la conociéramos, mi trayectoria.

Yo amo profundamente todo lo que he hecho a lo largo de mi carrera artística. Lo amo y me siento privilegiada de haberlo vivido. Estoy donde estoy gracias a todos los proyectos, desde los más mediáticos y hasta los que no tuvieron ningún eco. No reniego de ninguno, pero que no me obliguen a perpetuarme en lo que hice y fui. Sigo viva y desarrollándome como persona y artista.

Entiendo que a los medios les da mejor resultado tirar de lo que el gran público conoce y haciéndolo, de paso, se ahorran invertir un tiempo del que no disponen en preparar la entrevista basándose en la información que se les ha enviado. Así las cosas, todo se arregla con una única pregunta y sus variantes, de sobra conocidas por una servidora: ¿Qué recuerdo tienes de tu paso por Uno, Dos, Tres? ¿Qué significó para ti Eurovisión? ¿Cómo viviste Operación Triunfo? ¿Cómo fue protagonizar Mamma Mia!?

Debo deciros que plantarme ha dado buenos resultados. La voz, el teatro musical, Nina Academia, mi oficio de logopeda y la Esclerosis Lateral Amiotrófica han sido algunos de los temas protagonistas de la entrevista… Y, al fin, he podido hablar de lo que más me interesa hoy, del joven talento. He hablado de Abril Pastor, una compositora y cantante que con 18 años recién cumplidos, hace unos días actuó en una radio y tuvo la sangre fría de no empezar la actuación, cuando le indicaron que lo hiciera, porque en el monitor de escucha no disponía del retorno necesario para hacer algo tan arriesgado como cantar en directo en una radio sin ensayo previo y con un sonido que, para qué engañarnos, nunca está a la altura de lo que, con toda la buena intención, la emisora de turno pretende realizar.

Querida Abril, te pasarán muchas de estas a lo largo de tu carrera artística y yo lo celebraré porque querrá decir que estás en los medios y la gente te descubre y te escucha. Pero tú, plántate.

Se hace radio con prisas para conseguir ritmo y, lo que no saben es que les falta ritmo y les sobra velocidad.

No queramos confundir nunca el ritmo y la velocidad. Son variables muy diferentes y, en función de cómo las utilicemos, podemos salir mal parados cuando de comunicar se trata.

Que tengáis un precioso fin de semana.

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