Cantar en televisión

Recuerdo con una claridad meridiana el primer día que me planté ante una cámara en el Estudio 1 de Prado del Rey con veintiún años. Me sentía insegura, por el desconocimiento del medio, y excitada de saber que estaba en el lugar que me correspondía: el escenario. Recuerdo el frío y el olor característicos del plató, las carcasas de las cámaras, entonces inmensas, los cañones de luz que me deslumbraban. Cierro los ojos y oigo el silencio atronador que se producía cuando la voz en off de Chicho, omnipotente, daba alguna indicación.


Cuatro meses de aprendizajes que rindieron como cuatro años. Las condiciones técnicas de una actuación cambian en función del escenario donde esta ocurre. No es lo mismo actuar en un plató frente a cámaras, hacer un directo de tres horas ante miles de personas o grabar un disco en un estudio de grabación. El acto de cantar no cambia, por supuesto, sin embargo, cada uno de los «escenarios» implica desplegar habilidades distintas. Actuar en un plató es todo un género en sí mismo. En este medio, el intérprete pierde, en cierto modo, una parcela de libertad porque debe respetar las reglas del lenguaje televisivo. La historia no la cuenta únicamente el intérprete, sino que la realización, el sonido, la iluminación y la puesta en escena contribuyen a la narrativa.

Desde hace décadas vengo escuchando que los programas de música no funcionan en televisión. Sin embargo, el canto (y la música) ha sido y es un verdadero anzuelo en televisión. Un formato como OT logró reunir de nuevo ante el televisor a distintas generaciones y el concurso Euforia puede presumir de haber captado a un nuevo público, los más pequeños de casa. Estos días he intentado recordar todos los programas que se han hecho desde aquel Gente Joven de 1975 y no podríamos contarlos con los dedos de las manos y los pies. Del papel del canto en la televisión hablé el martes quinze de octubre en la sección de voz que llevo a cabo en el programa de TV3, La Selva.

He preparado a muchos artistas para castings, directos o actuaciones en televisión y lo hago sabiendo que la experiencia no es transferible y que el material, letra y música, debe transcurrir por el filtro de cada uno y que es importante hacer caso de las sensaciones una vez estás en el terreno de juego. Sin embargo, quiero pensar que mi tozudez, y el deseo profundo de que el artista al que preparo brille en el escenario, hacen que encuentre la palabra precisa y la herramienta eficaz para generar la confianza y la seguridad necesarias.

Hoy, Abril Pastor acaba de debutar en Zenit. Todo el equipo de NINA ACADEMIA MUSIC estamos profundamente orgullos de Abril e inmensamente felices de que nuestra primera artista haya brillado como lo ha hecho.

Miro a Abril y me veo a mí. La ilusión de aquella joven de veintiún años sigue intacta, con la diferencia de que lo que ahora me ilusiona no es mi carrera, sino la suya.

Abril, esto no ha hecho más que empezar.

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