Entrar en el estudio de RAC1 es pisar un lugar muy familiar. Salvo las audiencias – y las espumas de los micrófonos que sé a ciencia cierta que se cambiaron recientemente -, prácticamente todo sigue más o menos igual después de veinticinco años. Los auriculares, el reloj, las sillas, los micrófonos, la pecera y, afortunadamente para los oyentes, ahí continúan también muchos de los profesionales que en su momento apostaron por el proyecto sin saber que algún día harían historia.
Del millón mil oyentes que hoy escuchan la emisora, pocos sabrán que los cuatro primeros fichajes, entre los que tengo el honor de contarme, podemos presumir de haber amueblado la redacción de RAC1 en la planta 15 de la Torre Barcelona. ¡No todo el mundo lo puede decirlo! También podemos presumir de haber pasado muchos meses (tantos como tardó en llegar la frecuencia 87,7 que nos permitiría empezar las emisiones) trabajando la escaleta, preparando piezas, contactando invitados y haciendo programas piloto.
Albert Rubio fue la persona encargada de poner en marcha la emisora, fichar a los presentadores de la casa y al que fue director desde sus inicios y hasta el 2012, Eugeni Sallent. «Hemos pensado en ti para que te hagas cargo de las tardes en RAC1«, me dijo por teléfono Albert en la primavera de 1999. Después de ocho meses de espera, el 1 de mayo de 2000 nacía oficialmente RAC1.
La mañana de ese día de estreno, se emitió un programa especial, previamente grabado y conducido a cada hora por una pareja de presentadores de la casa. Con Toni Soler conducimos la segunda hora de la mañana. Eugeni Sallent me repetía «trata de no reír tanto». Toni Soler es, sin duda, una persona con sentido del humor y capacidad para hacer reír a quienes le escuchan, pero mi risa era más bien de nervios. Todo aquel grupo de profesionales con experiencia ante los micrófonos me imponía enormemente. El micrófono no me era extraño, lo utilizaba a menudo para cantar, pero tener que comunicar con el habla me infundaba mucho respeto.
«El diario de Anna», como todos los programas de la casa, lo escuchaban tan solo familiares y amigos. Esta era toda nuestra audiencia, por aquel entonces, en las ciudades y poblaciones donde se sintonizaba la emisora, claro está. Mi pueblo, Lloret de Mar, era una «zona de sombra», que suele decirse, aunque a mi madre le faltó tiempo para plantar una antena en el balcón para poder escucharme cada tarde. Meses después, la comunidad de vecinos le hizo desinstalar la antena. Por suerte, RAC1 empezaba a llegar a todo el territorio.
Cuando organizábamos algun concurso falseábamos las llamadas. Nuestra gran suerte fue contar con Montse Girona (fotografía), productora del programa, quien se encargaba de conseguir oyentes que, supuestamente, llamaban para participar. Nunca he conocido a una productora tan enormemente eficaz. Nada ni nadie se le resiste. Montse sigue todavía en la emisora y desde hace ya muchos años es la productora de «El Món en RAC1». Nuestro equipo estaba formado por tan solo seis personas: Joan Buixeda (director) Maya Castañer y Jordi Ventura (redactores), Montse Girona (producción) y Jordi Nomdedeu (becario) y yo a la conducción. ¡Seis personas para cubrir tres horas de programa!
La ilusión también sigue intacta en RAC1. Se respira en la complicidad de los equipos. Así como en televisión, el objetivo de la cámara todo lo capta, en radio, el micrófono a través de la voz, permeabiliza el universo de emociones de quien se pone al frente de un programa y de todo el equipo que lo sostiene detrás.
Hoy 1 de mayo de 2025 RAC1 cumple veinticinco años. Visto en perspectiva, Albert y Eugeni sembraron la semilla del «espíritu RAC1», un talante y una manera de hacer las cosas que ha singularizado por siempre a esta emisora. La dedicación de Eugeni al frente durante trece años, dejó una huella que todavía hoy sigue presente. Hablar de RAC1 es hablar de Eugeni y, hablar de Eugeni es hablar de una persona cercana, afable, rigurosa y exigente.
¡Enhorabuena y larga vida a RAC1!